Hace mucho tiempo que los juegos dejaron de ser un simple entretenimiento temporal donde perseguiamos fantasmas y comiamos bolitas, ahora la historia detrás del juego esta casi tan desarrollada como en una película. Por eso no es sorpresa que juegos como Hitman y Max Payne ya hayan sido llevamos a la pantalla grande.
Yo la verdad no juego mucho, pero a veces hay juegos que te atrapan con su historia y las opciones que te ofrecen. Uno de esos (y que jugué hace mucho tiempo) fue aquel glorioso juego llamado Mafia The Game. No tenía una gran gráfica, pero el juego en sí y la historia detrás de él eran simplemente merecedores de un Premio Oscar.

No lloré con el Rey León, ni con Titanic, ni con ninguna de esas películas que tienen un efecto cebolla, pero el final de Mafia me afectó tanto que derramé una lagrima (sí, una, la conté). Tantas penurias y difíciles situaciones había sufrido el personaje que el final me pareció cruel, ¡vamos!, ya no trabajaba para la mafia y vivía tranquilamente con sus 50 años, pero parece que eso no era suficiente para los desarrolladores de la historia (que más parecen guionistas).
En fin, eso es solo un ejemplo del poder que tienen los juegos actuales, además de entretenernos tienen el poder oculto de hacernos sufrir como ninguna película lo habría hecho.
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