Hola, no sé si me recuerdan.Soy yo, FJ. No he muerto, sigo viviendo, yendo a la universidad y esas cosas.

Ahora uno de mis pasatiempos, además de contemplar el cielo y apagar y prender la lámpara de mi pieza, es escribir. Como es mi blog personal me tomaré la libertad de pegar mi primer cuento, el que fue escrito como regalo para el cumpleaños de un amigo.

Como es esperable, es un cuento muy poco tradicional y drogas pudieron ser ingeridas durante el proceso de redacción.

Esta es la historia de dos hermanos llamados Blip y Blop. Ambos vivían en una calabaza gigante, tan grande que limitaba por un lado con el océano infinito y al otro con el precipicio del fin del mundo.

Cada uno ocupaba el día en su pasatiempo. El de Blip, un par de cientos de años más joven que su hermano, era subir la escalera de la calabaza-hogar. El de Blop era leer los libros de la Infinita Biblioteca, nombre inventado por Blop para referirse a la biblioteca de la casa debido a que era, literalmente, infinita.

Ambos desayunaban juntos, habitualmente pedazos de la propia calabaza (“la gran ventaja de vivir dentro de una” solía decir su madre cuando no encontraba nada qué cocinar). Luego cada uno se iba a hacer su pasatiempo: Blip a subir la escalera y Blop a leer libros. Ya avanzada la tarde Blip volvía y comían juntos el plato de la tarde, luciérnagas. Blop siempre llevaba libros a la mesa, un ojo lo usaba para leer mientras que los otros 2 los usaba para comer. Cuando niño había cometido el error de comer sin mirar y terminar con una luciérnaga insertada en un ojo nuevamente no le hacía gracia.

Blop le hablaba sobre los libros que había leído, como “Aprenda a hablar chiao”, un libro de aprendizaje de un idioma prehistórico que constaba de 1 palabra, “Chiao”, que se pronunciaba con distintas entonaciones. Blip lo escuchaba y quedaba continuamente sorprendido por todo lo que su hermano leía. Ocasionalmente él también leía libros, pero subir la escalera siempre ocupaba el primer lugar en su lista de quehaceres. Y tenía una poderosa razón.

Blip no subía la escalera para “levantar el trasero” como algunos libros decían (de hecho, Blip no tenía trasero), Blip subía la escalera porque quería llegar al sol. Su deseo provenía de un comentario que Blap, su padre, le hizo cuando era apenas un retoño de 100 años: “Blip, esa escalera no es cualquier escalera. Al final de ella encontrarás al sol”. En realidad la escalera era exactamente igual a cualquier otra escalera: Angosta, de madera y de apariencia frágil. Sus escalones tampoco se veían fuera de lo común, eran lo suficientemente espaciosos para descansar parado y lucían algo desgastados por el paso del tiempo. Pero si empezabas a contar el número de escalones… diez, veinte, cincuenta, cien, doscientos, quinientos… ¡La escalera parecía no tenía fin! Justamente la meta de Blip era encontrar ese fin tan esquivo y llegar al sol.

Para Blop, eso de subir escaleras para encontrar el sol era una soberana estupidez. Cada vez que Blip le hablaba sobre sus avances, Blop asentía mecánicamente. Él, como todo ser inteligente de 3 ojos, 5 patas y 2 bocas, sabía que el sol estaba colgando de la bóveda celeste, inalcanzable para cualquier ser vivo, muerto, semivivo o semimuerto. También sabía que el sol estaba hecho de pétalos de girasol, desprendía un olor a luz muy fuerte y era tan grande como 123 calabazas gigantes, pero no se lo necesitaba decir a Blip. “Ya crecerá” pensaba.

Un día, Blip se encontraba descansando en los peldaños previo a descender hasta la calabaza-hogar, cuando se le acercó un extraño animal alado. Era tan parecido a un águila como lo era a un elefante. Blip pensó que seguramente Blop sabría cómo llamarlo, pero, dado que no estaba su hermano para preguntarle, decidió darle el nombre de Aguilofante. El animal lo miró con sus finos e inteligentes ojos y le mostró todo lo que había visto en su vida. Vio ráfagas de recuerdos; un nido, otros pequeños Aguilofantes y algo amarillo… muy grande… tan grande como 123 calabazas. Era el sol. Blip le agradeció haciéndole cariño en sus colmillos y corrió agitado escalera abajo para contarle a Blop lo que había sucedido.

Blip encontró a su hermano en lo habitual, leyendo libros tan grandes como él. En un principio el menor de los hermanos no conseguía ordenar sus ideas, al punto que Blop le hizo una “Maniobra de Heimlich”, algo que había aprendido de los libros, porque pensó que se había atorado con una luciérnaga. Una vez calmado, Blip le explicó todo lo que había visto ¡El sol estaba en el fin de la escalera! Blop simplemente lo ignoró, tomó un libro titulado “El Sol, a prueba de imbéciles”, se lo dio y se fue a dormir. Blip, obstinado, decidió confiar en el Aguilofante, y preparó sus provisiones para la aventura del sol, necesitaría muchas luciérnagas.

Al día siguiente Blip desayunó su dosis habitual de calabaza y algunas luciérnagas, las suficientes para quedar satisfecho por un rato. Con sus provisiones en mano, se dirigió a la escalera y subió y subió y subió. Ya no percibía el paso del tiempo; minutos, horas, días, ya daba lo mismo, lo importante era llegar al sol. Al cabo de un rato, que pudo ser horas o semanas, Blip comenzó a pensar en qué haría una vez que llegara al sol. Blop no le creería, y esos antiguos aparatos que sacaban imágenes estáticas (o “robalmas”, según Blop) estaban tan extintos como los seres que los inventaron. “Simple” pensó Blip luego de un momento de reflexión “amarraré el sol con mi cuerda de emergencia y se lo traeré, así me creerá”.

El viaje era interminable y nada parecía cambiar, escalones y escalones iban y venían. De pronto, Blip notó un cambio; lo que rodeaba la escalera ya no era la calabaza gigante, sino una especie de blanco, algo esponjoso y frío. Y ya no estaba solo, muchos pequeños y grandes Aguilofantes volaban y jugaban cerca de él. Faltaba poco.

Apurando el paso no tardó mucho más en llegar. Majestuoso, increíble, inimaginable, eran muchas las palabras que pasaron por la cabeza de Blip al tratar de describir el sol. Al final decidió quedarse con “amarillo”. Pero no era un amarillo cualquiera, era un amarillo tan amarillo que luego de un rato ya no parecía amarillo. Blip decidió llamar a este color “amarillo-amarillo-amarillo-no tan amarillo”. Tan maravillado estaba por el sol, que se dijo que se lo traería a Blop, pero no para demostrarle que tenía razón, sino para regalarle algo que él quizá jamás podría ver por sí solo.

Rápidamente armó un lazo tan grande como para envolver 123 calabazas gigantes y amarró al sol. Tiró con todas sus fuerzas y el sol se movió un poco. Tiró más y el sol se movió otro poco. Así no lo lograría jamás. Se sentó y comenzó a llorar. De pronto cientos y cientos de Aguilofantes acudieron en ayuda de Blip, incluso las luciérnagas de su estómago se iluminaron más fuerte que nunca para darle fuerzas. Y así comenzó a bajar arrastrando esa gran esfera color “amarillo-amarillo-amarillo-no tan amarillo”.

Pasaron meses, quizá años o décadas, hasta que Blip volvió. Estaba tan cansado que ni se preguntó cómo había logrado entrar el sol en su calabaza-hogar, lo único importante es que lo había logrado. Al principio todo parecía estar igual; los platos en el mismo lugar, su cama en el mismo rincón de siempre, las ventanas igual de grandes, y lo más importante: el piso seguía estando abajo y el techo arriba. “Cuando el suelo y el techo se inviertan, habremos de perder la cabeza” es lo solía decir su sabia madre.

Entró a la Infinita Biblioteca esperando encontrar a Blop, cuando notó algo raro. El cúmulo de libros en los que solía leer su hermano no era mayor que un par de metros, bastante, pero nada comparado con lo que veía ahora. La montaña de libros a medio leer era tan alta que se preguntó si habría roto el cielo. Por primera vez, Blip pensó en cuánto tiempo estuvo afuera, buscando el sol. Llamó a Blop, convencido de que estaría en alguna parte debajo de ese mar de letras. Pasados unos segundos de silencio, una voz cansada brotó de algún punto. Era él. Emocionado Blip le señaló lo que le había traído, el sol, aquella bola gigante que vería su hermano por primera vez. Pero Blop no veía. Entre él y el sol habían infinitos libros que se habían acumulado con el tiempo, textos que podían describir al sol a la perfección, pero que jamás sentirían lo que es estar en su presencia. Como Blop, quien no vería el sol, ni hoy, ni mañana, ni nunca.

Blip volvió a dejar al sol en su lugar, esta vez sin la ayuda de Aguilofantes, solo siendo elevado por el mar salado que brotaba de sus ojos.

pixel Ahora me creo escritor


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Comentarios (20)[+] Deja el tuyo

Fargok 21.12.2011

¡Qué triste!

Angelverde 21.12.2011

Lo leí todo. Me gusto.

Simplemente JIMI 21.12.2011

Owww, es una historia fascinante (en mi opinión), y qué gusto que el blog se renueve cada tanto, vale la pena esperar tanto por algo. Gracias por la historia.

malonzo 21.12.2011

Muy bueno. Joven, no se pierda así que sus genialidades hacen falta por el ciberespacio.

Friedrick Nietzsche 21.12.2011

Blop a muerto

Ali 22.12.2011

Me encantó!!! Muy tuyo FJ. Me gusta tanto tu forma de narrar. El cuento esta muy bonito, seria genial que algún ilustrador hiciera algunas viñetas y lo pudieras publicar para niños también!. Yo estaría más que feliz en hacer el diseño del libro!!

Mau 22.12.2011

Ciertamente te extrañaba (recibo tus post en mi Correo Electrónico). Gran regreso. Es un buen cuento. Besos desde Santo Domingo en la Rep. Dominicana!

Francesc Josep 22.12.2011

Gracias por los comentarios. La idea es escribir 5 cuentos que tomen lugar en este “mundo sin sentido”, como me gusta llamarle.

Miguel 22.12.2011

Genial mi hermano y no creo que sea para niños porque tiene una enseñanza increible, vale mucho la pena, extraño tus chistes pero si fue para esto que los dejaste valio la pena, sigue asi!

Francesc Josep 22.12.2011

Sí, me parece que es un poco denso para niños, quizá para niños transtornados?

Miguel 23.12.2011

Jajaja si, esta bn para sacar a muchos que estan ciegos pudiendo ver!

mikhail 23.12.2011

Me parece realmente interesante pero dudo que un niño transtornado sea capaz de tener nociones de infinidad vida muerte y tiempo es algo complicado ademas de que utiliza una logica propia que llena muchos de los huecos que comúnmente encontramos en otros cuentos un excelente trabajo aunque hace mucho que no escribias nada pense que te habias ido y sin despedir que bien que sigas trabajando

Ignigoweb 25.12.2011

Bueno, muy bueno. Mezcla lo absurdo con lo filosófico en un tema tan clásico como el de el saber empírico o teorico. La unica pena es que el final sea tan radicalmente anti-teorico… al fin y al cabo también hace falta leer libros para aprender, y a veces pueden resultar más utiles que la experiencia que solo muestra una parte de la realidad.
Pero en todo caso espero que sigas escribiendo )

Sebastian 29.12.2011

Tremendo Comeback! Me encanto la historia y tu forma de narrar FJ! Yo de repente escribo y siempre leo. Dejame decirte que hay futuro compañero.

fernooo 29.12.2011

DDDDD: que triste -.- llorare (
Pero escribes MUUUY bien, me gusto a pesar de que nunca me gustan las historias con tristes finales
Quedo muy bonita y que bueno que escrubas ademas de apagar y prender una lampara. Tambien que bueno que no hayas abandonado del todo el blog )

Sparry 6.01.2012

Un interesante Blog con historias, relatos y artículos que son atrapadores.
Mas allá de si uno tiene o no facultades para ser escritor, lo que importa es que uno tiene ganas de expresarse y con animo se puede lograr.

Cecilia 12.01.2012

Es bonito, realmente bonito y bueno. Lo único que falla es el final: muy desgastado.

ernes 24.01.2012

Genial, te felicito por el cuento

EduGratis 21.03.2012

Muy Buena Historía

Lauka 18.05.2012

Enhorabuena, las sociedades dichas ” civilizadas” pierden la tradición oral y los contadores de histórias. Esperemos que tan crisis negativa por lo menos nos permita recuperar esa estupenda tradición.

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