Hace unas semanas terminé mi segundo cuento. El anterior es parte de un “saga” de 5 historias contextualizadas en un mundo “sin sentido”. Bueno, éste no va dentro de la saga, es distinto, más denso y menos infantil, aunque sigue teniendo influencia fantástica.

El viejo comenzó a limpiar sus gruesos lentes cuando vio que el Tren no se asomaba por los rieles invisibles. Con las últimas energías del día quitaba las manchas que nublaban su vista, se sentía agotado. Sus pronunciadas ojeras delataban sus pesadillas, un asunto de cuidado a su edad. Se quitó el blanco pelo que cubría sus orejas y volvió a colocarse los lentes.

Las primeras luces de la máquina ya se podían ver. El viejo vio su reloj, eran las 12 en punto. El Tren de los Sueños no se atrasaba. Nunca. Comenzó a visualizar qué cama ocuparía. Las más anchas estarías ocupadas por parejas, las que daban a la ventana seguramente por niños, como el mismo solía hacer cuando subía al tren de las manos de una madre y un padre. Decidió ocupar la primera cama sin dueño que viera. En realidad daba lo mismo, dado que no dormiría bien de todas formas.

El Tren ya lo había divisado y lentamente su serpenteante cuerpo comenzó a disminuir de velocidad. El vagón delantero pasó frente al viejo. Era un macizo de metal sin ventanas, provisto de filos capaces de cortar árboles, rocas y, según algunos, incluso el mar. “La Serpiente” le decían al Tren, por su aparente capacidad de “arrastrarse” por todo el mundo conocido.

Luego de varios minutos de vagones que se sucedían infinitamente, el Tren paró completamente y una gran puerta de acero se abrió justo delante de él. El anciano entró.

Aunque lo hiciera todos los días, el entrar al Tren de los Sueños era siempre un suceso notable para sus cansados ojos. Una de las peculiaridades del Tren era que dentro los años no existían. Una vez dentro, era imposible distinguir entre un abuelo y un niño, porque sus cuerpos y rostros eran completamente atemporales. La única forma de saber la edad de alguien era preguntando, pero la charla no era una actividad muy común en el Tren de los Sueños, pues la gente subía exclusivamente para dormir y así reponer energías. Siempre había sido así, desde el principio de los tiempos. El viejo ocupó una cama a ras de piso. Como había previsto las camas cercanas a las ventanas ya estaban ocupadas. Corrió las sábanas y se metió dentro, girándose sobre su hombro derecho. Allí, a una cama de distancia, una mujer lo miraba divertida. Trató de devolverle una sonrisa, pero su ánimo no se los permitía. La mujer pareció entender, acercó sus manos al rostro del viejo y lentamente bajó sus párpados, hasta que el viejo volvió a quedar rodeado de sus antiguos fantasmas. Como había sido cada una de sus noches desde hacía 10 años.

Despertó en el mismo lugar de siempre, frente a una destartalada casa rodeada por un bosque nevado. Allí siempre era invierno. Avanzó hacia la casa unos cuantos metros y de pronto paró bruscamente. Se dio vuelta y vio a la mujer del tren, quien le sonreía. El anciano mecía su cabeza de un lado a otro, confundido. Nunca antes le había pasado. La mujer caminó hasta donde estaba él y lentamente subió el brazo hasta la espalda del viejo. La tortuosa peregrinación hasta la puerta de esa casa comenzaría nuevamente y la presencia de esa mujer en algo le reconfortaba. Comenzó a avanzar entre la nieve y al poco andar sintió lo mismo que sentía cada noche. Primero pesadez, luego angustia y finalmente, cuando estaba cerca de su meta, desesperación por aquello desconocido que se encontraba al otro lado de la puerta.

Después de muchos minutos de angustiosa caminata, se encontró frente a la puerta. Era una puerta tan vieja como él, de madera ya podrida con vidrios rotos y goznes que habían cedido hace mucho tiempo. Físicamente era posible derribarla de un soplido, pero de alguna forma era una barrera infranqueable para la cansada mente del viejo. Rozó la puerta con sus nudillos e inmediatamente cayó derribado sobre sus rodillas. Comenzó a llorar, pero sin lágrimas, por un dolor tan profundo como la negrura de sus ojos. En unos segundos despertaría temblando en el Tren. Cerró los ojos y esperó a escuchar la acompasada respiración de los otros pasajeros. Espero 1 minuto, 10 minutos, 1 hora, hasta que algo le hizo abrir los ojos. Era la mujer, quién seguía allí, a su lado. Le tendió una cálida mano, casi como de otro mundo, y juntos cruzaron el umbral.

Caminaron por los pasillos de la casa, entre botellas rotas y escombros. El viejo caminaba lentamente, saboreando cada detalle de aquella casa olvidada. Cada paso era un recuerdo de su vida antigua. Esa maldita vida que afrontaba nuevamente luego de muchos años. Llegaron a una sala y allí el viejo lo vio todo. Los vicios a los que sucumbió, las personas que rechazó, la familia que destruyó. Veía la silla botada en la sala y la cuerda que colgaba de una viga del techo y en silencio sufrió hasta que lágrimas comenzaron a resbalar por su cara. Sufría, pero sabía por qué sufría. No era solo un viejo, había sido hijo, hermano, esposo, padre, abuelo. Todos los recuerdos, buenos y malos, volvieron a él. Miró a la mujer, buscando alguna palabra que expresara todo lo que le debía, pero fue la mujer quien habló. Fueron las primeras palabras que alguien le dirigía en años: “Ya ha sido suficiente”.

Un parpadeo después el anciano se encontraba en el tren, justo cuando todos despertaban y se bajaban para comenzar otro día. No vio a la mujer a su lado. Extrañado salió del tren dándola por perdida, pues fuera del tren podía ser cualquiera. Caminaba por los pastos que servían de andén, cuando vio entre la multitud a una niña que lo miraba fijamente. Y le sonreía. Tan sorpresivamente como apareció, desapareció, pero el viejo supo que era ella. Como también supo que sería la última vez que vería al Tren. Se alejó sonriendo.

pixel Ahora me creo escritor (II)


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Comentarios (6)[+] Deja el tuyo

Sigur 7.01.2012

Simplemente Gracias.

Ignigoweb 7.01.2012

Waoh! Extraño, no se si he entendido del todo… Pero de todas formas excelente. Aunque me gustó mas el otro, era más lírico y proponía realmente una historia y unas ideas claras. Esque este, pese a estar muy bien escrito como que sabe a poco, un poco esqueto, lo del sueño, los recuerdos antes de muerte… son temas profundos pero aquí están un poco confusos.
Diria casi que el tiempo de entender de que trata el cuento ya está acabando.
Espero que siguas escribiendo y tomate estas críticas como una señal de respeto hacia tí y de admiración hacia tu trabajo.

Francesc Josep 7.01.2012

Gracias. Sí, es más confuso y menos concreto que el anterior. De hecho cada vez que lo leo (y eso que lo escribí yo) lo entiendo de otra forma.

RaWn 8.01.2012

Me ha gustado mucho, y lo he entendido a mi forma, puede que sea un poco confuso, pero este tipo de relatos me apasionan, aquellos en los que no dicen lo que realmente pasa y dejan que tu imaginación investigue.
Llevo mucho tiempo mirando tu blog (aunque últimamente hay pocas cosas nuevas, lo entiendo) y es la primera vez que comento, así que no se si era esa la intención de tu relato, pero a mi me ha encantado

M 8.01.2012

Impresionante. Es un cuento que me pareció francamente hermoso. Sigue así, Francesc! )

Román Saucedo 11.01.2012

Simplemente genial, igual que el cuento anterior; me gusta mucho tu narrativa, y, gracias por retomar el blog, ya se te extrañaba.

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